Seguro te has topado con fotos de bodas o acertijos matemáticos en tu feed últimamente. Es una realidad incómoda: LinkedIn sufre una crisis de identidad.
Lo que antes era un salón de negocios, a veces parece una reunión de exalumnos. Humanizar es clave, pero el «contenido de relleno» puede dañar tu reputación profesional.
⏳ Contexto Histórico
Muchos creen que Facebook fue primero, pero no:
LinkedIn (Mayo 2003): Negocios, carrera y B2B. Productividad pura. 💼
Facebook (Feb 2004): Ocio y vida privada. Conexión social. 👥
El error es importar los hábitos de la red de 2004 a la de 2003. Tratar a socios comerciales como amigos del colegio diluye tu propuesta de valor.
📉 El riesgo de la «Facebookización»
Caer en la trampa de los likes fáciles es tentador, pero ¿qué calidad de alcance buscas? Si quieres que te contraten, que te vean discutiendo de política resta puntos. Los reclutadores entran para validar tu autoridad, no para ver qué comiste el domingo.
🛡️ 3 Tips para no asustar a las empresas
1. La Regla del «Y qué»: ¿Lo que publicas aporta valor a tu cliente? Si cuentas una anécdota personal (ej. una maratón), transfórmala en una lección sobre disciplina laboral.
2. Evita la polémica estéril: Política y fútbol suelen alienar a la mitad de tu mercado. Si no afecta directamente a tu industria, déjalo para WhatsApp.
3. El filtro del CEO: Imagina que estás en reunión con un gran cliente. ¿Le enseñarías esa foto? Si la respuesta es «no», no la subas. Tu perfil es tu tarjeta de visita 24/7.
💡 Conclusión
LinkedIn no es para ser «famoso», es para ser referente. Las empresas buscan talento y seriedad. Mantengamos el nivel profesional. Para todo lo demás, ya existe Facebook. 😉
¿Sientes que el feed aporta menos valor profesional últimamente? Te leo. 👇